martes, octubre 10, 2006
miércoles, septiembre 27, 2006
Sueño I: Anillo Secreto

Estaba cubierta por una suave brizna y sus ojos empezaban a gatillar ciertas palabras que mi subconsciente se negaba a entender. Entonces, me propuse acortar la distancia de nuestros cuerpos y luego de unos pasos, pude escuchar el cántico sosegado y melodioso de su voz.
Ella tejía versos y sus brazos arropaban la soledad de mi carne; en ese instante, comprendí que la lluvia desparramada por las calles solo buscaba la fuente de su existencia, su alma encantada, ese manantial que, al parecer, alimentaba mi sed.
El horizonte empezó a opacar los pequeños ases que iluminaban su aura. Antes de abrir los ojos, pude acariciar sus mejillas y fijar mimbrada en el fulgor de la suya; un frío me recorrió entero y, mientras el capullo de su esencia afloraba al amanecer, encontré la prisión de un sueño confuso… un pacto secreto rodeando su cintura.
Ella tejía versos y sus brazos arropaban la soledad de mi carne; en ese instante, comprendí que la lluvia desparramada por las calles solo buscaba la fuente de su existencia, su alma encantada, ese manantial que, al parecer, alimentaba mi sed.
El horizonte empezó a opacar los pequeños ases que iluminaban su aura. Antes de abrir los ojos, pude acariciar sus mejillas y fijar mimbrada en el fulgor de la suya; un frío me recorrió entero y, mientras el capullo de su esencia afloraba al amanecer, encontré la prisión de un sueño confuso… un pacto secreto rodeando su cintura.
sábado, abril 22, 2006
Destino Inseparable
La caída de agua inundaba la berma, mientras el revoloteo de cantos del infinito gimoteaba el piso con sus cristales húmedos. En la intersección de las calles Manquehue y Apoquindo, los bólidos seducían con el ronroneo de sus motores, a la espera del anuncio que les permitiera cortar el viento con su desesperada melodía.
La noche se vestía con una túnica gris, apagando los faroles estelares. El frío se apoderaba de los circuitos de la ciudad, manteniendo un ambiente de tensión en las miradas de los transeúntes. No se veía espectaculo tal desde aquella vez en la que un avión surco el cielo y cayó rendido en la cúspide del cerro San Carlos.
El reloj marcaba las diez menos cuarto, las personas caminaban un tanto presurosas bajo la lluvia, con sus abrigos y sombrillas de multiples tonalidades; otros simplemente utilizaban las páginas de la prensa para cubrirse del torrente que, para ese entonces, no había cesado desde el génesis del invierno. Los vólidos recorrían las calles velozmente, como la tinta de mi pluma en las hojas que resguardaban secretos y sueños.
Entre la multitud divisé su mirada seductora, su piel morena, tersa, volátil, surcando como una deidad los obstáculos del camino, abriéndose paso entre centenares de miradas despreocupadas que perdían la noción del tiempo a cada paso que su poesía hacía recitar en la avenida.
Su pelo parecía oro, reboloteaba en los espacios dejados por el viento, tejiendo la seda de su delicado espectáculo. Mientras todo eso se dibujaba a pocos metros del arco iris que me protegía de la cegadora lluvia, el lápiz corría presuroso, rompiendo el silencio del papiro con odas de fuego, baladas que acariciaban cada contorno de su haber acústico y la esculpían en las letras de mi canción.

Ella usaba una sotana oscura como aquella noche cubierta por los rombos poblados de rocío, perfilando su cintura tentadora y sus pechos llenos de leche y miel. Sus piernas desnudas entre los harapos parecían vertientes de vid, y sus pies escondidos en los tacos negros, un tesoro fascinante, el embrujo que se manifestaba en el hielo que recorrió mi espalda mientras sus ojos se hacían, cada vez más, más intesos y brillantes.
Esa mirada encantandora, castaños refulgentes como fragua de pasión, se hacía presente en el asiento que nos asilaba, como esperando la venida de alguna salvación o el carruaje que nos traslada hasta una dimensión desconocida, hermosa, cegadora, desconcertante, como cada episodio de nuestra historia.
Cerró la boca de aquel paraguas negro, la combinación de sed y ansiedad, de la naturalidad de su verbo hambriento y el legado de la noche que nos desbordó en una circunscripción perfecta, donde el aliento recorrió parajes infinitos, alimentados por el beneplácito de la sagrada benevolencia de su exquisita esencia.
Su perfume fue un manatial inundando las cortezas de un árbol, llenado de vida el paso del tiempo sin ella. Estaba iluminada, sentada con la simpleza de una flor enérgica y la lozanía de una reina en su trono de oro.
Mis pies comenzaron a agitarse desesperados, parecían evocar una melodía abstracta, casi inconclusa. Sus ojos se apoderaban de mi razón y mi poseer; en tanto, mis entrañas comenzaban a desvanecerse en una humedad similar a la que emanaba de mis manos nerviosa, intranquilas. La pluma detenida en el punto donde su piel y su corazón tomaban posesión de mis tierras, como conquistadora de un imperio, esperanban como centínelas en la pórtico del Edén.

Los autos y buses seguían su paso desenfrenado por la calle; parecían hormigas en franca labor de recolección. Las almas que circundaban nuestra esfera se disipaban, como advertidas de la brujería de su entera facultad. El reloj pasaba los minutos con la condecendencia de la eternidad. Mis manos recorrieron, lentamente, su rostro humilde y sus ojos cerraban el paso de la luz de la ciudad; en tanto, sus brazos comenzaban a entrampar mi cuerpo imperfecto, acercándolo hasta el altar de su comunión cautivadora.
La lluvia seguía su desfile impacable, limpiando los claroscuros de una capital manchada por la polución. Bajo la protección de la parada de buses, en medio del diluvio que decoraba la escena, nuestros cuerpos se unían en la concepción de un relato místico. Cada pedazo de tacto buscaba el calor de la piel, recorriendo cada surco de la carne con la delicadeza de pétalos rociando el suelo fértil.
El circulo que nos resguardaba, ausente de vidas ajenas y miradas entrometidas, permitió que mis extremidades abordaran el tren de sus pechos, cúmulos de néctar embriagador y las suyas, recorrieran la bondad de mi naturaleza masculina. En ese instante, sus luceros opacaron la luz de mis ojos, envolviéndonos en una nebulosa atractivamente desesperada y mágica. Allí, donde los sentidos se transforman en versos, las caricias coemnzaron a levantar las cúspides de su seno maternal, la fuente de la vida, mientras ella decifraba el acertijo oculto bajo el vientre.
La humedad de su verbo afloraba entre los vestigios de su abrigo. La pluma y el papel desgranaban la sensibilidad del monte de venus, permitiendo que sus labios construyeran un gemido celestial que embargó mis pertenencias. La humedad de la noche se disfrazaba de doncella, se hacia silencio y tenía nombre.
Antes de encumbrar mi planeador, recogí el manto celestial de sus entrañas y emigramos hasta los parajes donde la pasión se confunde con la razón. Allí, enredados entre la seda y la conjunción de la luna, su docilidad virtió el manjar en mis entrañas, sacudiéndose con maravillosa sincronización y la majestad de un sueño sideral.

Los contornos de su Edén, el paraíso soñado, los vestigios de un imperio acaudalado, el deseo hecho realidad, el cuarto menguante que me hace esclavo de su ser, de sus hábitos, de toda la presencia celestial que gira entorno a las hojas azabache dispuesto en la flora sumergido entre sus piernas, fuentes de milagrosa savia, vertigo de mi razón, fuerza de mi corazón, deseo del tiempo, misterio dulce y poema arcano. Ella es la tinta que dibuja mares y olas en la soledad de las hojas platinadas.
La luna como testigo del aforismo anhelado en el secreto de un tesoro acurrucado en mis poros, el viento calmo y las lágrimas celestiales brindando una escenografía cada vez más dócil y seductor. Allí estabamos, como dos perfectos desconocidos, como dos almas que se encuentran en el ombligo de un camino eterno, como estrellas en busca de un infinito propio. El fulgor de mis entrañas no se calmaba y mi vertiginosa ansiedad buscaba, una vez más, el rincón donde comenzó a resucitar mi alma.
En la cuarta noche del invierno, Paulina abandonó el cubo que albergó los secretos desenfrenados de un mundo circunscrito en palabras, sueños y pensamientos, hasta ahora, absurdos. La intersección de Manquehue y Apoquindo, testigos del florecimiento de campos de maná, aguardan la reconstrucción del legado seductor de nuestro epigrama.
Enredado en las sábanas, que aun guardan el aroma de su esencia prodigiosa, las letras dibujan estrellas y los lirios adornan el recuerdo de tus entrañas soñadoras, aguardando la renovación de nuestro secreto que nos envuelve en campos colmados de vid inmortal.
Otra noche sentado en el paradero, observando la calle cubriéndose de agua, acostado en mis cuadernos y el paraguas reclinado en tu trono, esperando la virtuosidad del umbral de tu fogosa esencia...
©2006, Amaro Silveira
Fotos: concursosojodigital.com, avecesescribocartas.com
La noche se vestía con una túnica gris, apagando los faroles estelares. El frío se apoderaba de los circuitos de la ciudad, manteniendo un ambiente de tensión en las miradas de los transeúntes. No se veía espectaculo tal desde aquella vez en la que un avión surco el cielo y cayó rendido en la cúspide del cerro San Carlos.
El reloj marcaba las diez menos cuarto, las personas caminaban un tanto presurosas bajo la lluvia, con sus abrigos y sombrillas de multiples tonalidades; otros simplemente utilizaban las páginas de la prensa para cubrirse del torrente que, para ese entonces, no había cesado desde el génesis del invierno. Los vólidos recorrían las calles velozmente, como la tinta de mi pluma en las hojas que resguardaban secretos y sueños.
Entre la multitud divisé su mirada seductora, su piel morena, tersa, volátil, surcando como una deidad los obstáculos del camino, abriéndose paso entre centenares de miradas despreocupadas que perdían la noción del tiempo a cada paso que su poesía hacía recitar en la avenida.
Su pelo parecía oro, reboloteaba en los espacios dejados por el viento, tejiendo la seda de su delicado espectáculo. Mientras todo eso se dibujaba a pocos metros del arco iris que me protegía de la cegadora lluvia, el lápiz corría presuroso, rompiendo el silencio del papiro con odas de fuego, baladas que acariciaban cada contorno de su haber acústico y la esculpían en las letras de mi canción.

Ella usaba una sotana oscura como aquella noche cubierta por los rombos poblados de rocío, perfilando su cintura tentadora y sus pechos llenos de leche y miel. Sus piernas desnudas entre los harapos parecían vertientes de vid, y sus pies escondidos en los tacos negros, un tesoro fascinante, el embrujo que se manifestaba en el hielo que recorrió mi espalda mientras sus ojos se hacían, cada vez más, más intesos y brillantes.
Esa mirada encantandora, castaños refulgentes como fragua de pasión, se hacía presente en el asiento que nos asilaba, como esperando la venida de alguna salvación o el carruaje que nos traslada hasta una dimensión desconocida, hermosa, cegadora, desconcertante, como cada episodio de nuestra historia.
Cerró la boca de aquel paraguas negro, la combinación de sed y ansiedad, de la naturalidad de su verbo hambriento y el legado de la noche que nos desbordó en una circunscripción perfecta, donde el aliento recorrió parajes infinitos, alimentados por el beneplácito de la sagrada benevolencia de su exquisita esencia.
Su perfume fue un manatial inundando las cortezas de un árbol, llenado de vida el paso del tiempo sin ella. Estaba iluminada, sentada con la simpleza de una flor enérgica y la lozanía de una reina en su trono de oro.
Mis pies comenzaron a agitarse desesperados, parecían evocar una melodía abstracta, casi inconclusa. Sus ojos se apoderaban de mi razón y mi poseer; en tanto, mis entrañas comenzaban a desvanecerse en una humedad similar a la que emanaba de mis manos nerviosa, intranquilas. La pluma detenida en el punto donde su piel y su corazón tomaban posesión de mis tierras, como conquistadora de un imperio, esperanban como centínelas en la pórtico del Edén.

Los autos y buses seguían su paso desenfrenado por la calle; parecían hormigas en franca labor de recolección. Las almas que circundaban nuestra esfera se disipaban, como advertidas de la brujería de su entera facultad. El reloj pasaba los minutos con la condecendencia de la eternidad. Mis manos recorrieron, lentamente, su rostro humilde y sus ojos cerraban el paso de la luz de la ciudad; en tanto, sus brazos comenzaban a entrampar mi cuerpo imperfecto, acercándolo hasta el altar de su comunión cautivadora.
La lluvia seguía su desfile impacable, limpiando los claroscuros de una capital manchada por la polución. Bajo la protección de la parada de buses, en medio del diluvio que decoraba la escena, nuestros cuerpos se unían en la concepción de un relato místico. Cada pedazo de tacto buscaba el calor de la piel, recorriendo cada surco de la carne con la delicadeza de pétalos rociando el suelo fértil.
El circulo que nos resguardaba, ausente de vidas ajenas y miradas entrometidas, permitió que mis extremidades abordaran el tren de sus pechos, cúmulos de néctar embriagador y las suyas, recorrieran la bondad de mi naturaleza masculina. En ese instante, sus luceros opacaron la luz de mis ojos, envolviéndonos en una nebulosa atractivamente desesperada y mágica. Allí, donde los sentidos se transforman en versos, las caricias coemnzaron a levantar las cúspides de su seno maternal, la fuente de la vida, mientras ella decifraba el acertijo oculto bajo el vientre.
La humedad de su verbo afloraba entre los vestigios de su abrigo. La pluma y el papel desgranaban la sensibilidad del monte de venus, permitiendo que sus labios construyeran un gemido celestial que embargó mis pertenencias. La humedad de la noche se disfrazaba de doncella, se hacia silencio y tenía nombre.
Antes de encumbrar mi planeador, recogí el manto celestial de sus entrañas y emigramos hasta los parajes donde la pasión se confunde con la razón. Allí, enredados entre la seda y la conjunción de la luna, su docilidad virtió el manjar en mis entrañas, sacudiéndose con maravillosa sincronización y la majestad de un sueño sideral.

Los contornos de su Edén, el paraíso soñado, los vestigios de un imperio acaudalado, el deseo hecho realidad, el cuarto menguante que me hace esclavo de su ser, de sus hábitos, de toda la presencia celestial que gira entorno a las hojas azabache dispuesto en la flora sumergido entre sus piernas, fuentes de milagrosa savia, vertigo de mi razón, fuerza de mi corazón, deseo del tiempo, misterio dulce y poema arcano. Ella es la tinta que dibuja mares y olas en la soledad de las hojas platinadas.
La luna como testigo del aforismo anhelado en el secreto de un tesoro acurrucado en mis poros, el viento calmo y las lágrimas celestiales brindando una escenografía cada vez más dócil y seductor. Allí estabamos, como dos perfectos desconocidos, como dos almas que se encuentran en el ombligo de un camino eterno, como estrellas en busca de un infinito propio. El fulgor de mis entrañas no se calmaba y mi vertiginosa ansiedad buscaba, una vez más, el rincón donde comenzó a resucitar mi alma.
En la cuarta noche del invierno, Paulina abandonó el cubo que albergó los secretos desenfrenados de un mundo circunscrito en palabras, sueños y pensamientos, hasta ahora, absurdos. La intersección de Manquehue y Apoquindo, testigos del florecimiento de campos de maná, aguardan la reconstrucción del legado seductor de nuestro epigrama.
Enredado en las sábanas, que aun guardan el aroma de su esencia prodigiosa, las letras dibujan estrellas y los lirios adornan el recuerdo de tus entrañas soñadoras, aguardando la renovación de nuestro secreto que nos envuelve en campos colmados de vid inmortal.
Otra noche sentado en el paradero, observando la calle cubriéndose de agua, acostado en mis cuadernos y el paraguas reclinado en tu trono, esperando la virtuosidad del umbral de tu fogosa esencia...
©2006, Amaro Silveira
Fotos: concursosojodigital.com, avecesescribocartas.com
jueves, enero 26, 2006
Episodio N°5: Viento Espiral
Julián deambulaba por los senderos oscuros de la ciudad, en la noche del encuentro con su padre, repasando cada palabra que había preparado para ese momento tan esperado. Durante horas dio vueltas en circulos, se tomaba el pelo, lo estiraba y parecía formar figuras alucinógenas con los cabellos desordenados.Mientras caminaba en la penumbra de una solitaria callecilla, divisó una pequeña ampolleta sembrada en el centro de una mesa de madera curtida por años de experiencia. A uno y otro lado, sillas que permitían cegar a la ansiedad y despejaban las tinieblas que, hasta entonces, oscurecían la tranquilidad de su haber.
Antes de reclinarse sobre el asiento, su mirada persiguió cada rincón del alma paternal. Intentó, con prestancia y lucidez, inmortalizar cada centímetro de la fragua que irradiaba su savia, los contornos de su piel masculladas por la experiencia, por la lejanía y el tiempo recorrido en sus pasos.
No hubo abrazos, solo una lágrima que recorrió lentamente las mejillas de Julián. El viento comenzó a cesar su fría presencia, permitió que los luceros alumbrarán la esfera circunscrita entre ambos seres, uniéndolos en una nebulosa suave como la manzanilla y dulce como la miel.
Así de cierto fue el intenso temor de abandonar la sombrilla que los resguardaba del amenzador infinito, poblado por algodones inundados de cierta agua de manatial perdido en el horizonte. El deseo de abrazarlo eternamente, viajar por las aventuras de su incanzable camino, hicieron de Julián una especie de péndulo enfrascado en la nada, una amalgama de pensamientos y sensaciones desordenadas, éxodo de toda concepción de diálogo ensayado arduamente en la soledad del recuerdo.

Sin embargo, alzó sus manos hacia el otro extremo de su lugar. Intento escribir versos entre los surcos de la piel de aquel hombre perdido en el espacio. Las miradas se confundían en un escenario de palabras insonoras, de cantos extraviados en la soledad de un cuadro volátil y perfectamente indescriptible.
Las gotas comenzaron a caer incesantes, golpenado la burbuja con la fuerza de un ejército intentando romper la calma de una fantasía. Un parpadeo, una sonrisa, una mano sobre la otra, la caricia desplegada durante vertiginosos segundos desesperados, la voz cegada y guardada en un tabloide mudo, la luz del farol dilatando su calor, rompió el silencio de la entrevista encuadrada en un óvalo de ensueño.
En esa callecita oscura, bajo el cielo aferrado a la tristeza, la mesa confundió los sueños con la frágil línea de la concordia con la realidad; ese pequeño mundo, donde los gallos rompen la calma del amanecer y las siluetas se dibujan en una carrera por el abrigo, Julián descubrió la debilidad de su corazón.
Sentado aun en la soledad del camposanto, intentando acariciar cada segundo de su encuentro con el patrono de sus anhelos, descubrió que la escenografía había decaído en la simpleza de una butaca sin comodidades, amparado bajo una esfera sostenida en el sudor de su mano nerviosa.
Aquella luz que albergó una químera, no era más que el resplandor del cristal chocando con una llama distante y la mesa, ese pedazo de madera que elevó el magis a la complejidad de lo real, se desparramaba en el suelo formando el perdón de los pecados.
La mirada desconcertada en la noche solitaria del encuentro, en medio del diluvio que adornaba el canto de la luna, recorrió cada cuadro de aquel asilo, buscando la respuesta o la esencia que se perdió entre el silencio y el fulgor del escenario. Su mejilla aun guardaba el recuerdo de una lágrima solitaria navegando por los mares de su rostro.

©2005, Amaro Silveira
Fotos: Internet
domingo, enero 15, 2006
Hechizo Azabache
Su voz siempre será una melodía inalcanzable, un as de luz cortando las nubes del invierno. Sus brazos arrebataron el sosciego de mi alma, las letras de su existencia virtieron semillas en el huerto del recuerdo secreto.Su mirada desnuda mi razón con la ternura evocada, mezclándose con el oxígeno emancipándose desde su vientre, los diamantes que conforman sus estructuras seductoras y la calidez de su sonrisa azucarada.
Antes de golpear las puertas de su reino, el viento desparrama sus negros cabellos y sus manos vuelven a bordear las costas de mi espalda, en la burbuja que aquell
a noche conjuró su hechizo, desde un continente telefónico.La ventana abierta, la silueta de su verbo florecido inundando los óceanos con la suavidad de su manantial, la trajeron como magia de su raíz. En ese espacio donde los cuerpos imaginarios se unieron en un pacto rescatado del pasado, unimos las entrañas en una oda indescriptible, suave y armoniosa como todos los campos de su reino, bendecidos por la mano delicada de su santuario San Tiago... un vuelo en éxtasis.
©2005, Amaro Silveira.
sábado, diciembre 31, 2005
Prisma
Una sensación de vació invadió mi fortaleza. Las luces que adornaba la calle brillaron y cayeron sobre su orla dibujándola con tal presición que fue imposible no caer en sus brazos. El perfume de su piel me recorrió hasta estancarse en mi alma y mis brazos la encadenaron como a una rehén.Bese sus mejillas, esas amapolas frescas y tersas, enbaucando un pedazo de su aureola celestial. Entonces, sus manos recogieron mi haber y viajaron hasta el tercer capítulo de una historia desconocida.
Entre el arco iris y la cegadora luminosidad de la realidad, su cuerpo jugaba y enceguecía mi visión; sus labios, rojos como el seno de una fragua y delicados como los pétalos de una rosa, estamparon versos en cada rincón de mi cuello. Mis manos desnudaron sus manatiales de leche y su esfinge de fertlidad, a la vez que las de ella esculpían el misterio del ímpetu.
En el secreto de aquel rincón de narcotizante, una daga acarició pulcramente la suavidad de su verbo, elevando el canto a la intesidad de un bemol alto. Sus pupilas se centraron en mi mirada y su respiración se agitó con los zarpasos de cada estocada.
Casi desahuciados en la penumbra de aquella nebulosa, nuestros cuerpos temblorosos y humedecidos por la delirio, sucumbieron ante las energías abandonadas en el estremecimiento del vértigo. Después de unas horas, todavía sus brazos se encadenaban a mi cuello, nuestras miradas cegadas por su prisma y mis dedos acariciando su espalda; una palabra colmaría de miel la espera del próximo capítulo.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Jorge World
jueves, diciembre 29, 2005
Torbellino de Frambueza
Paso un tiempo antes de verla aparecer. Sus ojos parecían dos linternas en medio de la soledad del cuarto. El velo formaba olas en la ventana, mientras sus manos acariciaban los secretos de su esencia. Recostada en la pared, su silueta dejaba un halo de humedad seductor, bañando sus costas con el suave aroma de la perdición.Su boca recorrió mi haber y un tempano se posó en el génesis de mi columna, acariciada dócilmente por la seda de sus dedos. La recogí entre los brazos y su verbo extirpó un soliloquio arrullador, rompiendo el silencio que embargaba al tiempo.
Sus labios, carne mezclada con avellanas, dibujaron surcos en mi vientre, mientras recorría sigilosamente la mancedumbre de sus entrañas que comenzaban a inmortalizar manantiales de loca carrera.
El viento calmó su aventurado galope. El vértigo se apoderó de nuestros cuerpos en la penumbra de aquella coalición azucarada, depositándonos en una nebulosa testigo de esa debilidad.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Kute
viernes, diciembre 16, 2005
Aquí y Ahora
Aquí yace y aquí muereAquí nace y aquí el génesis
Los caminos que se pensaban conclusos
No son más que el espectro formulado por una esfera cristalina
Que nos cegó hasta hoy.
Se reunieron las luces y las miradas de centenares de luciérnagas
Los aplausos nos dejaron atónitos
Nos permitieron soñar con el final de una historia;
No sigas jugando en ese jardín,
Los campos sseguirán floreciendo y si no los cuidas
Se marchitarán la savia acumulada en tu seno
Y el color que vistió al sendero de tu vida.
En el día que se cierra el ciclo
Tu éxodo es inevitable,
No tengas miedo a tropezar y, luego, levantarte,
Los sueños son como potro aprendiendo a empinar el galope
La honra es el vertiginoso espacio entre la luz y la oscuridad
Es el perimetro alojado entre la envidia y la voluntad de sabernos débiles.
El mundo está a tus pies,No te aproveches de su bondad
Se capaz de acariciarlo y hacerlo tuyo
Que sea una nube que te cubra del fuego solar
Y que sea una capa ante la tormenta.
Aprovecha la vida como el más inmenso regalo
Y este instante, una parada en el largo recorrido de los centinelas del conocimiento.
Un abrazo envuelve mi respeto y mi alegría por ver cumplir tus fantasías de niño,
Aquí y ahora, los cielos se rinden a tus pies
Te cantamos una canción
Y los ángeles guiarán la luz en tu camino,
Aquí, ahora y siempre.
©2005, Amaro Silveira
Fotos: Internet
miércoles, diciembre 07, 2005
Frutillas
Describir su mundo femenino, surcando el génesis de la madurez. Su mirada oscila entre los sueños de una infancia instalada a pocas cuadras y el reboloteo de mariposas en el florecido Edén de su espíritu, son bañadas con la vertiginosa solemnidad de su carne amoldada por manos cultoras de un nuevo arte.Aquella distancia la hace más brillante en el firmamento, un as de luz cegador y complejo; dulce como las horas antes del estallido del fulgor deambulando en los versos del verbo.
Ante sus ojos acaudalados de miel y sus labios humedecidos por el rocío estelar, la perdición es el llamado para cruzar los valles del silencio, donde la seducción y el deseo son parte de una cosquillosa realidad secreta y dulcemente acurrucada en el cajón contiguo a los velos que cubren la soledad de mi morada.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Silveira [Espía Difuso]
Centinela Exodiano
Las luces despliegan un as cegador en medio del escenarioEs el momento en el que los estandartes aplauden
Las gaviotas forman figuran y escriben versos entre las estrellas
Las raíces parecen establecer un yugo fértil, difícilmente opacado por el brillo.
A pocos pasos del altar, la figura de un niño que emancipa sus juegos del jardín
Vierte pequeños trozos de sabiduría en el recuerdo de los pasos surcados
Entre el peligro y las indómitas relaciones de la existencia;
La afamada burbuja, el cetro de un rey, el lugar donde todo tiene colores
Puede ser el más abominable destino si los ojos continúan plasmados en ese submundo
Que ya pasa a un extremo ajeno a nuestra impericia
Como si nos quitaran el dulce que fortalece nuestra entereza.
Pues bien. Las calles siguen en esa rutina agitada,
Los árboles siguen brotando en la primavera
Y el hielo inunda los mares, alimentándolos con el manjar de la savia
El camino debe seguir en su construcción
Y los dones, una artimañana bendita, serán obreros en pos de futuro acaudalado.
No es prudente, ahora, dejar que las luces del escenario
La gloria de la cúspide y los rombos colgados en nuestro cuello
Merme toda posibilidad de seguir creciendo y enriqueciendo el corazón
La lucha no termina aquí, la burbuja seguirá su herencia como los genes a la naturaleza
Aquella esfera de cristal revienta, hoy, mañana y siempre
Mas, la prudencia de acurrucarla en el alma y el hacer
Será el valuarte de tu espíritu campeador,
Quijotesco alfil y centinela
Nuestras manos buscan el clamor y el afecto,
Buscan conectar la gracia y el abandono en un solo canto.
Siendo compositores de nuestras fantasías, soñadores como niñosSosegados y savios como la alta vida de nuestros progenitores
Sabrás, entenderás y encaminarás el anhelo hacía montañas masisas y empinadas
Donde el oxígeno es denso y ausente
Donde el gran Maestro tuvo la fortaleza de enfrentar su destino
Ahí donde estamos llamados a llegar y edificar conjuntos de números y letras
El presiso momento y la vida donde, con la entereza de sabernos débiles y capaces de enfrentar los retos del destino
Nos promete ser siervos honrados como en la noche del adiós al seno maternal.
Esta noche es tuya, es mía, es de nosotros
Es el alarido y es la música que baña los campos y los hace vitales
Es el éxodo y el génesis de una aventura
Difícil y amarga por momentos,
Pero el más dócil pedazo de seda en el que estamos cubiertos.
Alegre ahora y siempre, cuidando que los monticulos del senderos
No hagan de la noche una eterna pesadilla.
Dulces sueños, los ángeles sabrán guiar la luz de tu camino
Pero, no temas a tropezar y levantarte
Aquí la existencia tiene sabor canela y manzanilla
Y tiene el más adecuado desenlace: el que tú quieras desplegar
Porque siempre aplausos serán regalos en tus manos.

©2005, Amaro Silveira
Fotos: Internet
lunes, diciembre 05, 2005
La Costa del Silencio
Yo soñé con tus ojosYo soñé con tus labios
Y tu silueta cubriendo los recuerdos
Una realidad perdida tal vez,
Tan cercana como la suavidad de tus manos.
Recuerdo que tus brazos se unían con la fría noche
Tu cuerpo era un bello complejo de movimientos estelares
Seductores de mi alma espectadora, admirada;
Mas, la conciencia se mantuvo postrada ante la silueta apoteósica
Y la maravillosa esencia que se presentaba indefensa
Era el claustro en el que mirada la constelación mágica de tu ser.
Otros vientos recorrieron los campos de tu Edén,
Los dibujaron con la tinta del alfarero
Rosando los contornos de la esfinge deslumbrante de tus poesías cegadoras
Y la conquista de tus caderas de enseuño, afrodisíacamente dulces,
Es el complejo distante de mi entereza.
Imagina, desde que mis ojos admiraron la capacidad de tu belleza indómita,
Una luz enrolo ejércitos en el umbral de mi espíritu;
Es esa poderosa vigia la que mantiene el calor del fuego concebido
Entre las tinieblas del silencio y la costa en la que tu esencia danza celestialmente
Y en el martirio de las lágrimas que admiran la perfección de tu conjunción lunar;
La tarde en quye contemple tu espezura acurrucada en la butaca,
Junto al árbol donde me postre,
Es el almíbarque deslizó mi cuerpo y mis pensamientos hasta la estancia de tu savia,
Pretendiendo poseer cada centímetro de la sustancia pitonisa de tu ser.
El verbo que baña la ribera del fervor pasional
Es la perfecta armonía que guardo en el secreto,
Ese que imploro recorrer y acariciar,
Dibujar con letras y alabarlo con versos de manzanilla.
Amar será la forma más versátil de rendir tributo a todo cuanto eres,
Como pocas maravillas son dignas de tal protagonismo;
Eres el alma de este cuento ifinito
Que acaba en la fantasía infinita de tu piel
En el sueño de tu carne improvista de pieles artificiales
Y desnuda ante la fragua que, con tus labios y las olas de tu cantar,
Emergen sin cesar desde cada rincón de tu presencia.
Antes de esta plegaria y adoración,
Nada era mío
Mis labios no callarán la alabanza a la perfección de tu ser
Inacabable y lejana de mi pobreza, por cierto...
Aun no se escribirá el punto final de esta escultura a tu encantadora magnificencia...
©2005, Amaro SilveiraFotos: Kute
viernes, noviembre 25, 2005
Confuza Inocencia
Sus ojos resbalan en la pureza. Sus lágrimas dibujan jardines vírgenes, melodías de una sinfonía que vacila entre el roble de su espíritu y el frágil cristal de su corazón. Una taza de té y galletas renuevan su ánimo; sus ojos se desmembran en el legado del llanto incesante y sus brazos, pilares que sucumben ante la infancia de sus tormentos, sentada en una sala fría, se aferran al idonismo de una tertulia atónita.Mis manos intentan alimentar la fragua de su entereza; una sábana blanca cubrió los cuerpos y un alarido seductor cayó sobre mi pecho, aferrándose al encanto de un desenlace dibujado en los versos de su dócil manantial.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Jorge World
miércoles, noviembre 23, 2005
La estocada certera del Perro Dartagnan
Ya estaba cansado de tanto consentimiento, una verdadera exageración. Lentamente comenzaba a acumular un cierto odio y desprecio, lucubrando en su intimidad el plan perfecto para desterrar al maligno consejero del rey. "Si, si", ladraba entre dientes mientras veía que su plan se construía con una brillantes aristotélica, un calculo filosóficamente perfecto, donde nada podía ni debía fallar.La cuarta tarde del invierno, mientras el cielo pestañeaba gotas blancas, comenzó a articular su magistral, aunque pérfido, plan. Se trataba de una emboscada, un reto con un solo ganador, un epitafio sigilosamente escrito para una sola especie. "¡Guau!, bosciferaba encantado a medida que su obra maestra comenzaba a tomar cuerpo en aquel pedazo de papiro traído desde Egipto.
En la cena de celebración de la Pascua, miles de invitados se dieron cita en el salón más bello del castillo, el epicentro de todos los bailes y fiestas brindadas por su majestad a la aristocracia del reino. Nadie podía siquiera imaginar el presente con un final distinto al ofrecido rutinariamente.
Todo mundo pensaba que Don Miau era un tipo ilustrado, una especie de gato que asistió a los mejores recintos educacionales del continente. "BlasGuaumias", decía Dartagnan. Esa noche, tuvo que asistir cubierto por trajes que despitaran la atención de su sexapiel, el que en otros tiempo fue el centro de atracción de todos los bailes hasta la llegada de su enemigo.
Como era la costumbre, en Pascua no se consumían alcoholes fuertes, solo vodka, ron, gin, pisco (chileno por supuesto, porque el pisco es chileno y no peruano), whisky y, para los que no deseaban dar jugo, Bailys.
En lo mejor de la noche, cuando todos los ojos se centraban en la pista, donde estaban Don Miau bailando con la reina, la tensión se dirigió hacia la puerta del salón, donde el as de luz de un reflector fue el único destello que iluminaba la habitación.
Tal fue la sorpresa de Don Miau, que sus patas comenzaron a tiritar y sus maullidos se volvieron cacareos de gallina asustada. Un periodista del diario local, El Reino, el más conocido, certero y sin escrúpulos, se instaló en la puerta con la última edición del vespertino.
La foto de portada, a página completa, con un título degradante y, a la vez, sorprendente, denunciaba a Don Miau como un egolatra ladrón y vividor que usurpaba la confianza del Rey.
El periodista era Ratónde Colapelada, famoso por descubrir y esclarecer muchos casos de este tipo. En un rincón, Dartagnan estaba sonriendo, con un ladrido burlesco; la mirada asustada de Dartagnan lo apuntó y luego.... "Gato re conch" hizo retumbar los cristales del Salón.
Días más tarde, llegó la noticia que Don Miau se dirigía a las Islas de Tomás (mítico por sus construcciones naturales en piedra y la riqueza rejuvenecedora de sus aguas), seguido por una hueste de unos 5.000 hombres armados, encabezados por el Rey. Don Miau, por supuesto, andaba a pata.
En el reino, la foto causo tal impacto que, la reina, en ausencia de su esposo, nombró consejo a Dartagnan y fue su amante hasta el regreso del Rey con la cabeza de Don Miau, cuyas últimas palabras fueron: ¡Miau!.
Fin.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Blog Carolina Requena
martes, noviembre 22, 2005
¡Tuku Tuku Miau! [Animé Cibernético]
Nombre Original: Cyborg Kuro-chanTraducción: Kurochan Cibernético
Número de episodios: 100+
Director: Nobuhiro Takamoto
Manga: Naoki Yokouchi
Un par de años pasaron desde la última edición de esta serie animada que alimentaba la imaginación de cientos de niños – y otros no tan chicos – que frecuentaban la programación del Club de los Tigritos de Chilevisión.
A las 16:00 horas era sagrado ver las aventuras de Kurochan Cibernético, un gato que combinaba la acción con el histrionismo propio de cualquier dibujo animado japonés.
¿Cuál era la gracia de este minino? A primera vista, es un gato chico, negro, tuerto y que da la sensación de un felino gallejero, similar a los que perturban el sueño en plena noche. Sin embargo, su apariencia es un distractor importante y, a ciencia cierta, atrayente
Si bien es cierto, Kurochan es una gato como cualquiera, su apariencia cambia rotundamente en una de sus aventuras, en la que iba a visitar a su novia – Pooly, una perrita “poodle” – y es secuestrado por las manos perversas del Doctor Goh (si se fijan, el nombre se parece al de uno de los villanos de Batfink), personaje que será motivo de muchos de los dolores de cabeza de este singular héroe.
El científico convierte a Kurochan en un gato cibernético, dotado de armas – la principal es una metralleta que usa en una de sus manos – y con la capacidad de hablar, lo que parece ser una virtud, pero, a la larga, es una desventaja, pues los humanos se podían escandalizar al ver un minino robot parlanchín deambulando por ahí.
Las intrépidas aventuras de Kurochan se comienzan a develar a partir de su separación del Doctor Goh, a quien comienza a desobedecer después de quitarse el chip de control localizado en su oreja. Al escapar, comienza el dilema de su apariencia, por lo que no ve otra solución – bastante graciosa por lo demás – que ocupar un disfraz. ¿Y dónde lo consigue? Le roba su corteza a un gato de peluche, utilizando el forro como disfraz.

Así, su vida comienza a transcurrir en busca de un hogar, llegando a ser adoptado por una pareja de ancianos (los típicos abuelitos de dibujos animados japoneses, que son el pan de la carcajada por las simpleza de su visión de mundo). He aquí el meollo del asunto, ya que, además de luchar contra la persecusión del Doctor Goh, se le agrega una nueva misión o problema: debe proteger a sus amos de todos los delincuentes que asechan su casa, sufriendo lesiones y fatigas cumpliendo su labor ya que aún no es un cyborg.
Cada capítulo es una conjunción de situaciones que mantienen la atención y, a la vez, te divierten, transformándote en un adicto a las aventuras de este gato cibernético (de echo, me compre una figurita de Kurichan). Hay ciertos modismos o circunstancias que pueden ser muy propias del folclor japonés (como toda creación), pero eso no es un impedimento para gozar de sus peripecias.
El afán del Doctor Goh por capturar a Kurochan, lo llevan a crear a un nuevo gato cibernético (o cyborg), llamado Mikun que, por supuesto, tiene más armas y capacidades que Kurochan.
En resumen, es una de las creaciones más divertidas del animé japonés. Logra congregar a grandes y chicos entorno a las aventuras que se suceden en cada capítulo de este gato cibernético, donde se conjugan las situaciones graciosas con la acción de persecusiones y peleas, las que tienen un condimento especial que logra mantener la atención del espectador, a tal punto, incluso, que es necesario saber que pasará en el siguiente capítulo.
En la televisión abierta ya no lo exiben. Me imagino que deben haber capítulos repartidos por Internet o películas en algún club de video. Si tienen oportunidad de conocerlo, no pierdan la fe que conseguirán un momento de grata diversión y distracción.
..:: Bonus Track ::..
Personajes de las Aventuras de Kurochan Cibernético
Kuro-chan
El gato cibernético. De muy mal caracter y belicoso. Únicamente se porta bien con los abuelos, a quienes siempre protege. Kuro-chan, no siempre fué cibernético, de hecho era un gatito normal, salvo en su ferocidad y afan de proteger tanto a los abuelos como a sus bienes. Este poderoso personaje tiene todo un arsenal almacenado en su pecho (entre ellos una ametralladora gatlin y un espada) el cual no duda en usar.
A las 16:00 horas era sagrado ver las aventuras de Kurochan Cibernético, un gato que combinaba la acción con el histrionismo propio de cualquier dibujo animado japonés.
¿Cuál era la gracia de este minino? A primera vista, es un gato chico, negro, tuerto y que da la sensación de un felino gallejero, similar a los que perturban el sueño en plena noche. Sin embargo, su apariencia es un distractor importante y, a ciencia cierta, atrayente
Si bien es cierto, Kurochan es una gato como cualquiera, su apariencia cambia rotundamente en una de sus aventuras, en la que iba a visitar a su novia – Pooly, una perrita “poodle” – y es secuestrado por las manos perversas del Doctor Goh (si se fijan, el nombre se parece al de uno de los villanos de Batfink), personaje que será motivo de muchos de los dolores de cabeza de este singular héroe.
El científico convierte a Kurochan en un gato cibernético, dotado de armas – la principal es una metralleta que usa en una de sus manos – y con la capacidad de hablar, lo que parece ser una virtud, pero, a la larga, es una desventaja, pues los humanos se podían escandalizar al ver un minino robot parlanchín deambulando por ahí.
Las intrépidas aventuras de Kurochan se comienzan a develar a partir de su separación del Doctor Goh, a quien comienza a desobedecer después de quitarse el chip de control localizado en su oreja. Al escapar, comienza el dilema de su apariencia, por lo que no ve otra solución – bastante graciosa por lo demás – que ocupar un disfraz. ¿Y dónde lo consigue? Le roba su corteza a un gato de peluche, utilizando el forro como disfraz.

Así, su vida comienza a transcurrir en busca de un hogar, llegando a ser adoptado por una pareja de ancianos (los típicos abuelitos de dibujos animados japoneses, que son el pan de la carcajada por las simpleza de su visión de mundo). He aquí el meollo del asunto, ya que, además de luchar contra la persecusión del Doctor Goh, se le agrega una nueva misión o problema: debe proteger a sus amos de todos los delincuentes que asechan su casa, sufriendo lesiones y fatigas cumpliendo su labor ya que aún no es un cyborg.
Cada capítulo es una conjunción de situaciones que mantienen la atención y, a la vez, te divierten, transformándote en un adicto a las aventuras de este gato cibernético (de echo, me compre una figurita de Kurichan). Hay ciertos modismos o circunstancias que pueden ser muy propias del folclor japonés (como toda creación), pero eso no es un impedimento para gozar de sus peripecias.
El afán del Doctor Goh por capturar a Kurochan, lo llevan a crear a un nuevo gato cibernético (o cyborg), llamado Mikun que, por supuesto, tiene más armas y capacidades que Kurochan.
En resumen, es una de las creaciones más divertidas del animé japonés. Logra congregar a grandes y chicos entorno a las aventuras que se suceden en cada capítulo de este gato cibernético, donde se conjugan las situaciones graciosas con la acción de persecusiones y peleas, las que tienen un condimento especial que logra mantener la atención del espectador, a tal punto, incluso, que es necesario saber que pasará en el siguiente capítulo.
En la televisión abierta ya no lo exiben. Me imagino que deben haber capítulos repartidos por Internet o películas en algún club de video. Si tienen oportunidad de conocerlo, no pierdan la fe que conseguirán un momento de grata diversión y distracción.
..:: Bonus Track ::..
Personajes de las Aventuras de Kurochan Cibernético
Kuro-chanEl gato cibernético. De muy mal caracter y belicoso. Únicamente se porta bien con los abuelos, a quienes siempre protege. Kuro-chan, no siempre fué cibernético, de hecho era un gatito normal, salvo en su ferocidad y afan de proteger tanto a los abuelos como a sus bienes. Este poderoso personaje tiene todo un arsenal almacenado en su pecho (entre ellos una ametralladora gatlin y un espada) el cual no duda en usar.
Los abuelos
Los dueños de la casa donde vive Kuro-chan. Estos amables ancianitos jamás se enteran de nada, ignoran totalmente el hecho que Kuro-chan es un cibernético (robot)
Los dueños de la casa donde vive Kuro-chan. Estos amables ancianitos jamás se enteran de nada, ignoran totalmente el hecho que Kuro-chan es un cibernético (robot)
Dr. Goh
El creador de casi todos los cibernéticos que aparecen y otros inventos que aparecen en la serie. Mantiene una extraña relación de amistad / odio con Kuro-chan.
Mikun
Otro gato cibernético, creado por el Dr. Goh. Fue creado, básicamente, para destruir a Kuro-chan. Tiene la extraña capacidad de 'unirse' a cualquier desecho metálico o maquinaria, agregando de este modo características adicionales a él.
Ichiro Susuki
Un profesor de escuela, seguidor y admirador de Kuro-chan. Lo llama maestro, a Kuro-chan, y desea aprender todo de él.
Nana
Una robot-lampara, novia de Kuro-chan. Creado por el Dr. Goh como compañera de Kuro-chan, claro está, esta idea no le agradó para nada. La pobre Nana hace esfuerzos increibles para ocupar un puesto en el corazón de Kuro-chan, sin aceptar el rechazo.
Romeo y Julieta
Dos robot-poste que estan enamorados. Viven en un constante idilio, casi al margen de todo lo que pasa.
Kotaro
Un joven genio obsecionado con Kuro-chan. Tan grande es su obseción, que se disfraza como un gato (y aunque no tiene ningún parecido con Kuro-chan... todos los confunden). Al comienzo quería demostrar que era tan poderoso como Kuro-chan.

Megumi
Una bombero, es el amor secreto de Susuki.
Matatabi
Un gato de verdad, que fue compañero de infancia de Kuro-chan. Luego comienza a culpar a Kuro-chan de todas sus desgracias... y temina siendo su enemigo. Utiliza un boomerang como arma.
Cheiko
Una niña con poderes paranormales.
El creador de casi todos los cibernéticos que aparecen y otros inventos que aparecen en la serie. Mantiene una extraña relación de amistad / odio con Kuro-chan.
Mikun
Otro gato cibernético, creado por el Dr. Goh. Fue creado, básicamente, para destruir a Kuro-chan. Tiene la extraña capacidad de 'unirse' a cualquier desecho metálico o maquinaria, agregando de este modo características adicionales a él.
Ichiro Susuki
Un profesor de escuela, seguidor y admirador de Kuro-chan. Lo llama maestro, a Kuro-chan, y desea aprender todo de él.
Nana
Una robot-lampara, novia de Kuro-chan. Creado por el Dr. Goh como compañera de Kuro-chan, claro está, esta idea no le agradó para nada. La pobre Nana hace esfuerzos increibles para ocupar un puesto en el corazón de Kuro-chan, sin aceptar el rechazo.
Romeo y Julieta
Dos robot-poste que estan enamorados. Viven en un constante idilio, casi al margen de todo lo que pasa.
Kotaro
Un joven genio obsecionado con Kuro-chan. Tan grande es su obseción, que se disfraza como un gato (y aunque no tiene ningún parecido con Kuro-chan... todos los confunden). Al comienzo quería demostrar que era tan poderoso como Kuro-chan.

Megumi
Una bombero, es el amor secreto de Susuki.
Matatabi
Un gato de verdad, que fue compañero de infancia de Kuro-chan. Luego comienza a culpar a Kuro-chan de todas sus desgracias... y temina siendo su enemigo. Utiliza un boomerang como arma.
Cheiko
Una niña con poderes paranormales.
Fotos: Internet
domingo, noviembre 20, 2005
Venus
Sentado en el último asiento. Su blusa dejaba una pequeña vertiente desnuda, un desliz a la imaginación. Su mirada se posó en mis ojos contemplativos y una sonrisa dibujó un arco iris que nos confundió en un desenlace desconocido. Su ritmo acalló en el paradero de mis pasos; su boca emuló palabras vertiginosas, ambientando la pasión que nos desnudaría y envolvería en una conjunción de fulgor y almíbar. Sus dientes besaron el destino de los hombres y mis manos alimentaron el ego de su verbo. La tarde acaecía sobre nuestros cuerpos imrpovistos de todo abrigo, mas la fragua de su carne alientaba al deseo. La luz de un faro distante nos alejó y sus ojos gemián. Su piel erizada, postrada frente a mis harapos, un cuadro inolvidable que volvería a su vida en la caída de la tarde, esa vida que, desde el último asiento, encontre soñadora y hermosamente intacta como en el ocaso anterior; una nebulosa envolvente y dulcemente intrigante. Atrás de su suave velo, la sonrisa que no se apaga e invade las tierras de mi olvido.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Internet
Piloto de Pruebas
Encontré algunas cartas del pasado. Historias guardadas en un papel de letras blancas, un mundo donde nunca la he visto. Sus manos buscan acertijos bañados con la gracia de sus ojos perdidos entre el alba y las tinieblas; su cuerpo desconocido es una quimera, una sombra que guarda similitudes simétricasmente seductoras.La música resbala por sus formas, aun en ausencia de los caminos que conduzcan a su silueta; una voz lejana me cuenta de sus cuentos, manteniendo la tensión de las palabras encajadas delicadamente en el génesis de la existencia que nos encadena.
El velo de la noche brilla en el tercer ojo, una guarida mística, una fantasía, un vuelo, un final inagotable, inconcluso, que no sabe aguardar su último suspiro.
Su mirada encalló en esa orilla soñadora.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Internet
Foto: Internet
viernes, noviembre 18, 2005
Catarsis
Volví a caer en su velo siniestro. Los pliegues de su cintura rompieron la resistencia de la razón, cayendo en el abismo de sus brazos, enlazando la carne nerviosa y desorientada. Su manto de rosas cegó la voluntad, desprendió de sus pétalos la dulzura de su verbo, uniendo los cuerpos en un clímax desconocido, perfectamente delineado por la tinta del apóstol.Como si fuese poco, sus labios forjaban caminos entre el pecho y mis muslos, escribiendo sueños acaramelados, inundados por el placer de la lluvia brotando por los poros. Su alba agraciada fue el éxtasis de una noche inacabable; la fortaleza de los prohibido se deshacía en el cansancio, mas el secreto de su mirada alimentó el diálogo corporal, encadenando versos hasta el ocaso del tercer verso del invierno.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Kute
jueves, noviembre 10, 2005
Escapar
La miseria se apoderó de mi carne; me abrazó con su ira y su pobreza. Desvisitió mi alma, me entregó al desanimo de sentir la bajeza de mi ser. Una masa ortopédicamente viseral, sin fuerzas para resistir el choque con la realidad.Perdido en ese bosque, caminando sin rumbo alguno, una cortina transparente y azul luminosa, abrigó la perdición del último aliento. Cosechó paz, alimentó al oxígeno y postergó mi caída vertical.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Kaleidozkopio
viernes, noviembre 04, 2005
Suburbios [Introspección al Sueño de un Santo]
La noche asechaba y una densa neblina cubría el techo estelar. A ada paso se sumaba la tristeza de la noche; los ojos de las tinieblas parecían gatos esperando a su presa. En cada rincón se delineaban tenebrosas figuras, que, a simple vista, tornaban la calma en una desesperación agitada, agónicamente infartante.Un silbido del viento complacía la estancia en el lado B. El frío de la persecusión se inhibía como el hielo en el albor de la primavera. Los rostros descascarados por los pecados mundanos, consumían los sueños en un espacio silencioso y olvidado.
Detrás de las sombras que profesaban las ramas de un viejo roble, la escultura angelical vestida de azabache, con alas bordadas con el oro del alba; estrellas bondadosas atrajeron la atención del lente, inmortalizando el claroscuro que su esencia iluminaba y alimentaba plácidamente a los futuros de infantes historias, uniéndome con sus cadenas al climax del pan y miel de sus lágrimas savias y piadosas entregadas sin esperar mayor recompensa que la divina santidad.
Al filo de caer en un espasmo vertiginoso, sus manos condujeron los versos hacía el principio de una vocación enigmática. No volví a soñar con su manantial bondadoso, benerado en el legado de su sonrisa cautivante, mirada seductora, retrato fiel de un ideal y del yugo de su corazón includicable en los débiles materiales.
©2005, Amaro Silveira
Foto: Internet
sábado, octubre 29, 2005
Indivisible
María Ignacia busca recetas para ser felizCamina bosques espezos, surca senderos y bebe agua de su cantimplora
Escudriña en los rincones de la realidad, en el silencio y en las tinieblas
Crea fórmulas matemáticas, escribe decálogos, sueña con una respuesta;
María Ignacia es una mujer simple, con curvas casi perfectas
Anhelando encontrar la luz en un portal
Ella es una estrella cristalina, suave y tersa
Enredadada en fantasías de niña estudiando la vida
Descubre lugares y los hace esculturas de almíbar
Teje marañas de ilusiones, las ve flotar y viaja en ellas
Es una flor rodeada por olas de suave procedencia.
María Ignacia es una bella constelación
Es le néctar que alimenta la bondad de un verso
Seduce con su mirada y penetra los féretros magros hasta ese momento
Los vuelve iracundos, esquizofrénicos llamados de libertad cristalinos;
María Ignacia es la letra que guarda un secreto
Lo convierte en poesía y lo guarda en un cajón
Tesoro indeleble, retorcido, esculpido en piedra de oro
Como sus ojos, afluentes de bondad, adornados con pétalos cenicientos
Venus que embellece el Olimpo pacientemente con hilos misteriosos.
María Ignacia es un espacio sin fin
Es el deseo encarnado y descifrado
Es el momento inmortalizado entre el ruido y el movimiento
Entre la espectativa y el ojo sigiloso de la noche
Es el verso que cae sobre los hombros
Se hace eterno sufrimiento misericordioso
Se transforma en piernas, caderas y cabello de algodón;
María Ignacia es capaz de estampar su felicidad y su pena en el aire
Ahoga al oxígeno y lo devuelve con un toque de manzanilla

Es el viento que recorre incluadicable, los parajes ocultos de mi poesía
Es el duelo que trasciende la eternidad
Clímax y desenlace, vuestra virtud es desmayar a los soles infernales
Es ese pequeño trazo de miel que inunda un espacio
El complejo certamen convergente en el polén de tus entrañas
La maravillosa experiencia, el cuento sin final, la duda entre el conocimiento acabado.
María Ignacia es el futuro de un sueño
Es la revelación de una encrucijada
Es la divina tristeza, es el perfecto augurio,
Un compás singular y perfectamente coluído en melodías delirantes;
María Ignacia no sabe de recetas, las busca y no las encuentra
Pide respuestas y continua su camino entre la hierba y el mordaz
Es una condición de vida, es el destello que emana de un manatial
Es la cúpula de un sueño, es la perdición en cada detalle
Es la fórmula y el ocaso de la felicidad...
María Ignacia es el secreto de la felicidad
Un poema y una canción celestial
El eclipse de dos miradas desinteresadas
El aroma de su savia desnuda
La esencia recorriendo el lugar
Volviendo, una y otra vez, al real contenido;
María Ignacia es la continuación de la vida
El ir y venir de los encantos
La majestuosa deidad virginal
Es la única respuesta a todo cuanto te preguntas
En la boca del silencio y en el abismo de tu verbo sagrado,
Paradisíaco paraje alejado de esta realidad...

©2005, Amaro Silveira
Foto: María Gracia Subercaseaux, Desarticulated
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